Lo que el paro nos dejó: 4 claves fundamentales para mejorar la ciudad

por Giuliana Mendivil
Fotografía: José Daniel Lozada

Fotografía: José Daniel Lozada

Fueron 21 días de paro en la ciudad de Santa Cruz y la creatividad de varios ciudadanos se vio en las calles, algunas con el objetivo de manifestarse sin violencia en contra de las acciones del gobierno, otras para apoyar los bloqueos y muchas para aliviar la tensión de las familias de los barrios. Aunque sin duda hubo varios percances en los bloqueos, quiero resaltar el poder de la organización vecinal y ciudadana para lograr cambiar el entorno porque nos toca mucho por construir.   

Para cuando se cumplió el 21° día de paro habíamos visto de todo, la presión política fue agobiando desde el primer día a varios sectores de nuestra comunidad que buscaron los medios y la forma desde su perspectiva para expresarse. Los resultados fueron intervenciones artísticas, ambientales y empáticas por varios  anillos de una ciudad que se estaba descubriendo así misma.

Las mejores cosas que he visto en las calles en estos días donde los ciudadanos se gobernaron y no quisiera que se olvide, más bien pienso que deberíamos trabajar para que se fortalezcan son:

1) El uso de las bicis que tomaron las calles sin el atropello de los autos

Durante mucho tiempo Santa Cruz ha olvidado a los peatones y a los ciclistas, pero con la ciudad sin conductores que no respetan los semáforos ni las señales de tránsito, la seguridad que se sentía viajar de un polo a otro hizo darnos cuenta la importancia de la bicicleta como medio de transporte viable. Es posible llegar a varios lugares de la ciudad en poco tiempo haciendo algo saludable para el planeta y nuestro cuerpo. Esperemos que  recorrer las avenidas y las rotondas en bici nos haya recordado la necesidad de ciclovías aptas para su uso diario y garajes para este medio de transporte.

Ojalá que al pasar esta situación política, podamos retomar la educación vial y la gestión del uso de la bicicleta en áreas urbanas resolviendo las necesidades para que siempre sea seguro y una mejor opción para todos. El aire que se respira es otro cuando se hace el ejercicio de optar por pedalear y comprar una bici puede ser tomado como una inversión en la salud de uno y la de todos.

Fotografía: Roberto Antonio Dávila (@anntonio1)

 2) La autogestión de intervenciones artísticas

“Las crisis obligan a lo que es una de las partes más sensibles de la sociedad, los que son los artistas justamente, a pensar y pensarse, a pensar su país, a pensar su papel y su rol en todo esto, las transformaciones del mundo y todas estas cosas” Caloi.

Sin duda fue un tiempo de reflexión personal y grupal sobre lo que somos, lo que queremos para nuestro futuro, la unión y la paz. Por eso mismo, se volvió hasta terapéutico las presentaciones artísticas que se realizaron en puntos de bloqueos.

El colectivo cultural “Pata de conejo” realizó alrededor de 8 días de resistencia artística en conjunto con los vecinos de distintas zonas de la ciudad. Allí participaron bandas locales como La Luz Mandarina, Silencio Zero, Caribeños, Turiros punk rock, Desorden 86, Puerco e´tropa, Azzor, Six, Sector 76, Color Jaúsi, Robertillo Funky Grove y Toro mecánico.  La gente que se aproximaba cantó las canciones conocidas, descubrió nuevas y compartieron con los músicos. Las batucadas también estuvieron presente como “Talento Urbano” y “Batucada Feminista”. Para los niños, “Loko: el gato” realizó actividades con pintura y pancartas para que ellos igual puedan expresar lo que desean para el mundo.  Como siempre, las lecturas y la poesía se hizo escuchar para recordar las luchas, la paz y las distintas voces. Además, el grupo de teatro espontáneo Ecos estuvo presente para interpretar los sentimientos y las historias de los vecinos, una experiencia de la que formé parte y fue inolvidable, porque a medida que los días iban pasando vimos cómo el sentimiento colectivo iba cambiando, desde incertidumbre, ira, desesperación a unión, fuerza, fe, crítica y lucha.

Fotografía: Pata de conejo

Hubo presentaciones, stand up, guitarreadas, lecturas, coros, cine callejero y música gestionado por otros artistas como Animal de ciudad y vecinos de varias rotondas. A veces solo se necesitó una persona dispuesta a compartir y un instrumento para que la gente se aproximara. Esperemos que la autogestión y el apoyo continúe.

3) Intervenciones: Huertos urbanos, nuevos murales y limpieza del ambiente

Contra el viento, el sol y la lluvia, varios ciudadanos salieron a dar su granito de arena demostrando las posibilidades de mejorar esta ciudad con esfuerzo y creatividad.

Nómada urbana es uno de los ejemplos del provecho del tiempo para no solo la expresión artística, sino también darle vida y color a la ciudad de cemento. Proponer la participación de los ciudadanos fue enriquecedor dando un resultado que durará mucho tiempo y favorece nuestras calles. A voluntad las cosas cuestan menos.

Fotografía: Roberto Antonio Dávila (@anntonio1)

Y con esa misma voluntad varios grupos de jóvenes salieron a limpiar la ciudad, se organizaron durante los días del paro, identificaron las zonas que necesitaban una recolección de basura y se pusieron en marcha, gestos que hacen más verde nuestro planeta.  

Entre otras actividades, pringarse las manos con pintura y tierra estuvo entre lo mejor. En varios lugares los vecinos hicieron uso de su tiempo para pintar al aire libre, incluyendo a los niños que disfrutaron de las tizas, artistas que hicieron cuadros y murales sobre la situación, las personas que se destacaron pintando los retratos de los fallecidos en esta crisis. Como acto de compromiso con un futuro mejor, otros aprendieron sobre huertos y plantaron árboles en sus rotondas.

4) Ir más allá de la olla común.

La olla común fue una de las primeras acciones en conjunto del barrio que se viralizaron y se pusieron a la obra, en el primer día de paro los grupos estaban lleno de fotos de ollas comunes; almuerzos compartidos entre las familias y los bloqueadores de diferentes zonas. Hombres y mujeres se organizaron para alimentar y poner por el que no podía, otros realizaron turnos, o cada quién aportaba con alguna comida a lo largo del día. Por lo que la olla en las rotondas fue símbolo de unidad y solidaridad. La convivencia vecinal ayudó a conocer al otro y descubrir más allá de nuestro muro individual en el que vivimos a diario. En muchos puntos era de prioridad invitar aunque sea un vaso de agua y preocuparse por lo demás. En algunas las charlas llegaron a derivar en lo que pasará en el futuro, se pidió “martes de rotonda” y “jueves pititas” con un fin en beneficio de todos, la organización de más actividades en las que se pueda compartir, organizarse y velar por una mejor forma de vivir. Quizás esta unión vecinal pueda lograr ejercer poder y voz en todos los municipios para lograr reactivar los deberes de las subalcaldías y mejorar el lugar donde vivimos.

Por eso mismo propongo que con el fin del paro y la crisis sociopolítica: no volvamos a la realidad, en cambio mejoremos nuestra realidad. La organización vecinal, el poder de la autogestión en actividades que promueven el arte, la cultura, la salud y el cuidado al medioambiente son nuestro próximo paso para salir del conformismo a la que estamos acostumbrados a vivir. Tenemos las herramientas para mejorar nuestro entorno, solo falta convivir con el otro.

Fotografía: Roberto Antonio Dávila (@anntonio1)
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